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  • AGROTECNOLÓGICA

La poda es un “momento crítico” en el que nos jugamos la transmisión de enfermedades

Jesús Yuste, de Itacyl, recuerda en Agrotecnológica que esta labor introduce un riesgo para la vid, “que debemos minimizar mediante una correcta ejecución”


La poda es una labor fundamental para el viñedo, que se refiere a los cortes y supresiones que se ejecutan en sarmientos, brazos y, excepcionalmente, tronco de la planta, además de en las partes herbáceas. Persigue fines diferentes en relación con la planta y con su fruto, pero el objetivo último es regular la producción y la calidad de la uva.


Se trata de una práctica que introduce un riesgo para la vid, “que debemos minimizar al máximo mediante una correcta ejecución”. Así lo ha dejado claro el investigador Jesús Yuste Bombín en la feria Agrotecnológica, con una ponencia dedicada a analizar la ‘Poda preventiva y de longevidad de la vid’.


“Se habla de poda preventiva porque las enfermedades de la madera, tan generalizadas, tienen mucho que ver con los modelos de ejecución de esta labor”, advierte.


La poda debe ejecutarse en función del vigor de la cepa y de la producción de uva pretendida, procurando un equilibrio que evite tanto el debilitamiento de los sarmientos como el exceso de vigor en años posteriores.


Todo ello debe hacerse sin perder de vista que se trata de una labor delicada, que debe acometerse con mimo, según Yuste, que advierte contra la práctica de contratar una cuadrilla de operarios que cobra en función del número de plantas intervenidas. “Hay que podar con tiempo”, sentencia.


Esto no se ha cuidado tradicionalmente, “especialmente en el viñedo en espaldera”, porque no había conciencia del riesgo de transmisión de enfermedades. En el caso de la espaldera, la limitación del espacio de la planta condiciona la labor y “conlleva dificultades para buscar alternativas, por ejemplo, en la renovación de brazos”.


La celebración de Agrotecnológica ha permitido a Yuste analizar los diferentes tipos de poda, los criterios de ejecución y su compatibilidad con los objetivos que el viticultor haya establecido para la planta y para el conjunto del viñedo.

Y es que por medio de la poda se puede formar y mantener la cepa en una forma que facilite el cultivo del viñedo, además de seleccionar los nudos y yemas que produzcan pámpanos adecuadamente fértiles.


La labor es también la que permite regular el número de pámpanos y el número y tamaño de los racimos, además de regular el crecimiento vegetativo de la planta y producir un fruto de la calidad deseada.